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El Minotauro

Descubre los detalles de la vida del Minotauro, la temible bestia de Creta. Concebido a raíz de una pataleta divina y fruto de la unión entre un toro y una mujer, su niñez y adolescencia no iban a resultar cómodas...
Historias de la Mitología Griega - El Minotauro
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La familia del Minotauro:
Los Reyes de Creta y el regalo de un dios

Mitología Griega – El Minotauro

Minos, que es hijo directo del dios Zeus y además heredero directo al trono de Creta tras la muerte de Asterión, pide ayuda a su tío Poseidón para que le eche una mano divina. Necesita que el pueblo lo reconozca como soberano y acepte como nuevo rey.
(¡Atención, culebrón a la vista!)

Poseidón, como todo buen dios griego que se precie, es de carácter airado y complicado.
Sus acciones se producen en función de los prontos de testosterona divina que le entran a cada momento, tomando decisiones nada consensuadas ni reflexionadas y siguiendo sus impulsos de manera compulsiva y volátil.
Además, el mar es suyo por ciencia infusa y por mera inercia divina. Como dios tiene el poder y la libertad de hacer con él y con las criaturas que lo pueblan lo que se le antoje en cada momento. Poder que por supuesto… ejerce.

Para entendernos:
Lo mismo se levanta un día de buen humor y dispara la reproducción de percebes a la vez que limpia de algas* el litoral, que entra en cólera por algún asunto de faldas mitológicas y decide provocar algún que otro terremoto.
* (Suponemos que algas Posidonia)

Así lleva tiempo creando y deshaciendo islas del Egeo y del Jónico (los dos mares son suyos). Un cabreo por aquí, un maremoto por allá… Cuando no está de humor, Poseidón remueve las entrañas de la tierra provocando que la lava fluya y cree nuevos territorios al azar. (La pesadilla de los cartógrafos de la época).

Poseidón y el Toro de Creta

En cualquier caso, y como tío amante de su sobrino que es, acepta la petición de ayuda de Minos (que será mortal, pero es hijo directo de su propio hermano Zeus y además va a ser Rey de Creta, nada menos) y decide hacerle a éste un regalo especial. Apunta su tridente directo al mar y engendra mágicamente un espectacular toro blanco que regala a su sobrino con la intención de que lo sacrifique en honor de los dioses.

Pero a Minos el toro albino anfibio le parece un especimen tan excepcional que decide reservar al llamado Toro de Creta como semental para las agradecidas vacas de sus reales corrales.
En su lugar sacrifica a un toro cualquiera de alguna ganadería de la época, pensando que será suficiente para contentar a los dioses.

Ea, ea, ea, Poseidón se cabrea

Tremendo error. Poseidón pilla un mosqueo de muy señor mío.
Ya hemos dicho que el carácter de este señor dios es complicado, y cuando se entera del cambiazo taurino de última hora reacciona montando un cirio de dimensiones mitológicas.
Lejos de intentar dialogar con su sobrino procurando llegar a algún acuerdo racional que satisfaga a ambas partes (divinidad y realeza en este caso) tira de lo que podríamos considerar machismo y maltrato de género de la época, y salpica de pies a cabeza con su bilis divina a una tercera persona.
—Veamos… ¿Quién hay a mano?
Pues la señora Pasífae, la esposa del nuevo rey.

Montado en cólera y destrozando fieramente parte del mobiliario real con su dichoso tridente, Poseidón grita soltando espuma salada por la boca:
—Algo habrás hecho… ¡Te vas a enterar!

A lo que añade, gritando todavía más fuerte para que todos le oigan:
—¡Y olvidaos de tener buena pesca, este año las sardinas van a venir flaquísimas, cretenses!

Pasífae y el Toro de Creta

Poseidón se ceba con la señora Pasífae, y usa sus poderes divinos para embrujarla con un hechizo amoroso. La pobre viuda termina encaprichándose perdidamente del toro, loca de pasión.
Y como el amor y la pasión caminan habitualmente juntas y una cosa intensifica a la otra de modo natural, pero más aún si la mano divina está detrás interfiriendo, la mujer acaba embarazada del astado blanco.
Casada con el hijo de un dios y ahora intimando con un toro pescado en el mar… Si esto no es un culebrón mitológico en toda regla que baje Zeus y lo vea.

Pasífae y el Toro de Creta; Invento de Dédalo; Mitología Griega
Pasífae y el Toro de Creta a punto de probar el invento de Dédalo.


Hay que decir que un tal Dédalo, ingenioso inventor a sueldo de la corte cretense, contribuye a que dicha unión carnal se produzca aportando un invento erótico diseñado para la ocasión: Un disfraz de vaca de madera recubierto con piel de vaca auténtica, donde se introdujo la buena de Pasífae para engañar al Toro de Creta, que acabó embistiendo sin contemplaciones.

Nace el Minotauro

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El a la vez adorable y abominable bebé Minotauro.

A los nueves meses (período de gestación de la mujer cretense pero también de la vaca, que me he documentado) y tras un más que complicado parto, Pasífae da a luz y trae al mundo griego a un precioso retoño.
Fruto de tan aberrante unión carnal surge una criatura tan adorable como abominable, apreciación establecida en función de la perspectiva adquirida en cada momento según la parte del niño que sea observada.

¿Biberones de lecha materna o directamente de vaca? Nada va a ser sencillo a partir de ahora en palacio.

Cuando nace el Minotauro, Minos y Pasífae son ya padres experimentados. Por palacio corretean, al menos, ocho criaturas más: los mozos Catreo, Deucalión, Glauco y Andrógeo y las niñas: Acacálide, Jenódice, Ariadna y Freda.
Pero nadie está preparado para lo que acaba de llegar…

Nos encontramos ante un bebé con su precioso y pequeño cuerpo rollizo y sonrosado, con esos pliegues tan deliciosos en las piernas y en los brazos. Realmente es una criatura tierna, con sus manitas frágiles y rechonchas, con su dulce olor a recién nacido humano… Pero en el lugar donde debería haber una cabecita de encantador churumbel, sonriendo y mirando a la madre con dos enormes ojos, lo que hay es la cabeza… ¡De un ternero!

Y el niño muge de un modo espantoso, moqueando continuamente por el hocico y mirando desafiante con mirada animal a su alrededor, entre asustado y amenazante.
Cuando la madre acerca la mano para acariciar a su vástago , el pequeño brama.

De niño a hombre y de ternero a toro

El incomprendido Minotauro persiguiendo a una damisela cretense camino del ágora.

Al niño le dan por nombre Asterión en honor al antiguo rey, pero la gente es muy mala y en Creta se chismorrea continuamente. El mote de «Toro de Minos» (Minotauro en griego) se queda para siempre.
Además, contínuamente se hacen chascarrillos crueles con el asunto de unos cuernos y otros.
La expresión «poner los cuernos», que siglos después servirá como metáfora para describir actos de infidelidad conyugal, aquí es totalmente literal.

El becerro humano crece rápidamente, rechazando cualquier pienso o consumo de verdura o fruta y siguiendo una dieta estrictamente carnívora. El híbrido muestra una gran voracidad y una clara predilección por la ingesta de carne. (Carne poco hecha y de joven humano cretense, a ser posible.)

El Minotauro Adolescente

Van pasando los años y el chaval-vaquilla atraviesa una complicadísima adolescencia.
Atraviesa una profunda crisis de identidad… A ratos le gustan las cosas propias de un ternero, pero otras veces sus inquietudes son más humanas. Y cuando empieza a sentirse a gusto con alguna de sus dos condiciones, algún instinto propio de la otra especie viene a a perturbarlo y a desestabilizarlo.
Se echa novia humana cretense, pero la cosa no funciona. Discuten y termina comiéndosela cruda. También prueba a intimar con alguna que otra vaca, pero intelectualmente tampoco se siente motivado.

Empieza a devorar gente cada vez con más frecuencia, pues parece ser lo único que sacia su apetito y calma su conflicto interno.
Los cretenses están hasta el gorro, crece el descontento y amenazan con derrocar a la monarquía si no cesan los festivales caníbales del adolescente-toro. Los padres, apesadumbrados y avergonzados, terminan tomando una decisión drástica y destierran al astado. 

Minos, que perdona pero no olvida, consuela a Pasífae:
—Al niño no le va a faltar de nada.

El laberinto del Minotauro

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El laberinto del Minotauro. (Entra bajo tu propia responsabilidad.)

Dédalo, que había contribuído hace algunos años a la unión humano-bovina con su disfraz de vaca de madera, diseña por orden del propio Minos un laberinto donde encerrar al chaval.
La estructura consiste en una gigantesca e intrincada red subterránea de pasillos que se entrecruzan y que tiene dos finalidades: desorientar a cualquier posible visitante e impedir que el monstruo salga jamás.

El Minotauro es apartado pues de la vida pública cretense y abandonado en el centro del laberinto.


Esta decisión aplaca la ira de los súbditos del monarca, que ahora pueden volver a salir a pasear tranquilos por las calles de una tranquila Creta sin temor a ser devorados por la abominación.

Sin embargo, como madre no hay más que una y el amor por un hijo es algo que dura eternamente, Pasífae procura lo mejor para su vástago, por muy monstruoso y caníbal que este sea, y acuerda con su esposo Minos el asegurar el sustento de la desterrada criatura.

La reciente victoria militar sobre Atenas (las ciudades-estado estaban siempre liadas a guantazos) proporciona infinidad de derrotados sumisos a Minos. Son perdedores de la guerra sin derecho ninguno a protestar que constituyen una potencial carnaza humana libre de impuestos. Destinar parte de estos humillados atenienses a las meriendas del Minotauro parece lo más lógico.
Son cosas de la guerra… el vencedor escribe la historia como quiere y en tiempos de paz dispone de los recursos a su antojo.

777, el número de la Bestia… griega

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El Minotauro, la bestia griega.

Tras consultarlo con el Oráculo de Delfos, (una especie de gabinete de crisis, conformado por sabios y místicos de la época), acuerdan entre todos ellos los números del sacrificio:

Cada siete años, los vencidos elegirán a siete mozos y siete doncellas atenienses como tributo de guerra y los entregarán a Creta para que sean devorados vivos por el Minotauro. El suministro de carne fresca queda de este modo asegurado. ¡Meriendas gratis!

¿Serán suficientes catorce cuerpos cada siete años para saciar el voraz apetito de la bestia? Cuentan las crónicas que en realidad el pobre Minotauro pasaba mucha hambre allí dentro, y que cuando encontraron los huesos de las víctimas estos estaban más pelados que un jamón de Pata Negra a mediados de enero.

Durante muchos años la criatura queda relegada al interior del siniestro laberinto, recorriendo sus monótonos pasillos sin ver la luz del sol, sin hablar con nadie, sin que un padre venga a verle. Tampoco los dioses se volverán a manifiestar. No hay nuevos milagros que vengan a rescatarle o dotarle de esperanza.
Su existencia queda relegada a deambular por el laberinto, condenado a devorar gente y a ser temido y señalado eternamente.

Alimentándose de carne joven ateniense suministrada cada siete años, encerrado de por vida y sin escuchar más voces que las de su propia conciencia semi-animal, la criatura intenta reflexionar en la oscuridad del laberinto de Dédalo.
Y en su cerebro dual, debatiéndose entre el raciocinio del humano y el instinto del animal, (y a veces justo al revés), intenta esclarecer alguna clave que le dé sentido a su mero existir en este loco, loquísimo mundo griego de la antigüedad.

Y recorre los pasillos aislado y atormentado, balbuceando sus obsesiones en voz baja entre el mugido y el susurro:

Asterión… Minos… Pasífae… Poseidón… El Toro blanco de Creta… Dédalo… los cuernos de Minos… el monstruo Minotauro… el hombre-toro… el toro-hombre… el toro de Minos… el becerro de la Pasífae… la bestia… el laberinto de Dédalo… el laberinto del Minotauro… el laberinto en mi cabeza… carne… quiero más carne…

Los conceptos y las dudas se agolpan de este modo en su mente, entre el aislamiento y la pulsión carnívora. Una monotonía existencial solo interrumpida con la llegada ocasional de carne nueva.
Así se van sucediendo los años hasta que ocurre algo que acabará con la siniestra rutina…

Teseo el héroe liberador

Un tal Teseo irrumpe en el laberinto y se enfrenta al Minotauro a puñetazo limpio, acabando con la siniestra tradición de sacrificios y de paso también con el propio sufrimiento del pseudo-animal. Sí, Teseo… el mismo guerrero que previamente había dado muerte en Maratón al padre del Minotauro, aquel asombroso toro blanco del que hablábamos antes.
Pero de las motivaciones que llevaron al héroe a acabar con ambas criaturas bovinas, de los métodos que utilizó, así como del intrincado parentesco del susodicho con dioses y reyes hablaremos en otra ocasión. (Sí, hay culebrón para rato).

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